Tundra

Una serpiente fría

Se arrastra impía y resiliente

Encarnada en el puzle vital

Que conforma mi espalda

Y en mi pecho se retuerce.

Su piel cristalina

Recoge todos los colores

Reflecta su alma helada

Un aura que no se presiente

Invisible al ojo,

No a los dolores.

Voraz derrama

En mi sangre la suya

Y florece su simiente.

Oh, mandíbulas afiladas,

Desgastad entre mis lunas

El caudal de mi torrente,

Cuajad a feroces dentelladas

Los fondos de mis lagunas

Allá donde la somnolencia profunda

Florezca y more

Con sus pérfidas espumas;

Devorad todos mis pastos

No dejéis rastro alguno de mí

A vuestro paso

Segad con vuestra hambrienta hoz

Esta temblorosa carne infeliz

Y no dejéis mañana

Rastro alguno de Mí

Ni de Yo.

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Desalojo carnívoro

 

Vivo en un perpetuo desalojo autorreferencial,

Cuanto más vacía está mi casa,

Más lleno estoy yo,

Más lleno de nada;

Cuanto más pobres y desconchadas

Sus enmohecidas paredes

Más se retuerce mi piel

En las hojarascas

De entre mis dedos.

 

Cuanto más golpean a su puerta

Más retumba mi esqueleto,

Vibro ¡oh! enardecido,

Embebido en una primordial

Violencia de asno

Enfurecido;

Más muerdo cuando tiran

La puerta abajo y golpean

Y sacan a la miseria

Del moho pérfido

De los rincones más putrefactos

A los llorosos residentes,

¡Mis dientes no dan

Para tantos dedos!

Y solo miran mis ojos

En mares de millones de párpados cerrados.

 

            Mi casa está vacía,

            Ya no se escuchan

            Ni sus gritos.

Escapada estelar

 

Oh, pequeño espacio negro y pardo

Irradiado por las estrellas

Hacia ti emanan mis ojos,

Hacia ti señalan los polos

En ti se ahoga el nardo

Fundido en acuosa pena.

 

Fugitivo de los cardos

Entre hibiscos me escondo

Bajo ellas, lascivas azucenas

Que me tienden sus pétalos

Sus antenas y estigmas.

 

Frenética se revuelve mi materia

Buscando el cielo

Y nada más que cielo

(O tal vez también estrellas)

De las plantas emerjo

Como de las suicidas mareas

Y al vegetal mundo atrás dejo

Con sus feroces fauces abiertas

            Rechazan todas mis partes aletargadas

            Al dulce clamor verde

            De mis pupilas enraizadas.

En mi silencio

 

En mi silencio guardo

La parte interior de los espejos

Chillidos de delirantes pianos

No sé cuántos gritos desesperados

Mi nombre marchito en sus adentros

Mis apellidos exiliados…

 

En mi silencio duerme

Una atroz llama

Unas ansias perennes

De a dentelladas ardientes

Arrancar a pedazos de la cama

A mi herrumbroso cuerpo inconsciente.

 

Yo soy contenido

Mi silencio conteniente

Soy meros restos y vestigios

De una transparente y asesina simiente.

Gota del espacio

 

Gota del espacio que difuminas

Los caminos y caminas

Astral, directa a mis párpados

            (Silencio;

Tras de mí marchan

Legiones de relámpagos).

Gota del espacio

Que retuerces mi vientre,

Que atosigas

Mi embarazo

Con tus luces mortecinas;

Siente,

El ciprés siente lo que lloras

Y se resienten claustrofóbicas

Las esquinas

Y relojes sin hora:

Todo en tu reflejo esférico,

Rastro de lágrima

Carcomiendo el féretro

Abandonado sobre la cima

De mi pecho.

Oh dulce muerte de éxtasis feérico:

De mis ojos arráncame

El rocío perene

Que me dejaste.

[Oh puñal]

 

Oh puñal

Tigre letal,

Voraz mirada insomne,

Esplendor afilado de la noche,

Oh cuchillo,

Duro remolino

Hambrientas garras

Que regalan el azote

De sus hojas afiladas

Y con un tajo insumiso

Mi carne aran.

Paralela se desgarra mi alma

Esperando encontrar

Qué es lo que cada noche

            Me desangra.

Vertedero oculto

 

Acumulo entre mis piezas óxido

Vislumbro afuera solo herrumbre,

No más piezas; suciedad y lodo.

Rebusco entre la basura el modo

De arreglar cuanto en mí sucumbe,

Hallo restos de tronos, cruces,

Metales asesinos,

Restos mortales y rotas luces:

En resumen: basura y limo.

 

¿Será que este cuerpo hay que destruirlo

Y hacer de mí una oxidada cumbre?

Deshacer todo lo que llamo mío

Y hundirlo en el pozo trágico

De cuanto se declara ajeno por lejano

Aunque siga siendo implícito en cada resquicio.

¿Por qué si no habría tanto barro

Y basura costrosa en este río

De afluentes de putrefacto desgarro?

¿Por qué si no el mundo sería tan pobre de partes

Con que hacer este cuerpo que arrastro?

 

Yo sacrifico mi sangre

Y por aceite la cambio, mis ojos por faros

Y el resto por lo que mis manos hallen.

 

En un nuevo ser afloro,

Aunque sea solo memoria ahora de lo sórdido:

Un montón de chatarra inmóvil e invulnerable

Que ya no es él sino un conjunto leproso

De vertedero que cayéndose a trozos

No tiene presente y es solo lo que fue antes.

Explosión

 

Nubes de sangre podrida

Infectan e hinchan mis brazos.

Mis venas son lazos

Con una muerte más allá de la vida.

Mi voz es un ronco desacato

Al cerrarse de cada herida.

Muerdo no con mis dientes,

Sino con mis tripas ateridas

Mi propio cráneo demente

Que se me traga y regurgita.

 

Despierto más allá del buscar o saber

Que hay salida, con una sangrante frente

Que aún pútrida de mi propia bilis, vomita.

El campo de humo verde se tiñe de sangre

De amapolas, un vapor tóxico que es fuente

De mi sed, que se retuerce en una última agonía

Una última tarde,

O un último día…

En un cubo de pintura

 

Cercado de paredes,

Que no muestran rastros

Más allá de sus redondeces

Inasibles y su pegajoso tacto.

 

Me ahogo en un cubo de pintura

Parca que pinta mi piel de blanco.

A la fuerza impone una capa pesada

Que me hunde hasta el fondo

            Donde todo son negras

            Aguas

            Del interior de un pozo.

Ascuas…

Ascuas son mis ojos ciegos.

En la superficie floto de nuevo

(Todo debe ser blanco,

Pero yo ya no veo),

 

Sé que sigo igual

Porque floto muy quieto

Sobre el espeso mar.

No sé dónde estoy

Ni dónde mis piernas estarán

Y tal vez si soy

Sea mera casualidad.

En la ceguera

Nada es verdad

Solo simple tanteo

Palpando entre pintura espesa

El camino hacia el final.